Con el corazón en la boca: la alarma de Messi y el fantasma de los batacazos mundialistas

Anoche se nos paralizó el mundo a todos los argentinos. Faltaba la nada misma para el Mundial de 2026 y el Inter Miami le acababa de ganar 6 a 4 al Philadelphia Union en el estadio Nu, cerrando su último partido de la MLS antes de la Copa. Pero a quién le importa el resultado cuando el mejor de todos mira al banco y pide el cambio. Iban 70 minutos de partido, Leo se tocó la parte alta del muslo izquierdo y avisó que no daba para más. Que Messi pida salir es una rareza absoluta, algo que te enciende las alarmas en todo el país. Entró el pibe Mateo Silvetti en su lugar y el capitán se fue caminando derechito al vestuario, por sus propios medios y sin ayuda de los médicos, pero masticando bronca.

La gran duda siempre fue cómo iba a llegar físicamente al torneo de este invierno. Lionel Scaloni tiene que entregar la lista oficial de 26 jugadores el 1 de junio para la FIFA, y ahora los tiempos te comen la cabeza. Ya lo había avisado Leo allá por octubre del año pasado: “Me gustaría estar, sentirme bien y ser una pieza importante para ayudar a la Selección. Lo voy a ir evaluando día a día cuando arranque la pretemporada con el Inter el año que viene para ver si realmente estoy al 100%”. Hasta ahora venía esquivando las lesiones bárbaro, pero esta molestia de último momento deja su participación pendiendo de un hilo.

Detrás de todo esto hay un laburo físico tremendo. En los últimos meses, Messi venía haciendo malabares para encontrar el equilibrio perfecto entre agarrar ritmo mundialista y no romperse. Rodri De Paul contó en una nota antes del partido del domingo que se estaban matando a puertas cerradas. “Hace dos o tres meses arrancamos una rutina diaria que va muy por encima de lo que hacemos en el club”, confesó el Motorcito. “Nos estamos matando para asegurarnos de llegar de la mejor forma física posible. Metimos doble turno con nuestro preparador físico, entrenando con el Inter a la mañana y por nuestra cuenta a la tarde. Le estamos metiendo muchísimo laburo”. Todo este esfuerzo venía siendo monitoreado con lupa por el ex técnico de Miami, Javier Mascherano, y el nuevo interino Guillermo Hoyos. Los dos intentaron dosificarle los minutos a Leo en una temporada loquísima donde el equipo llegó a jugar hasta tres partidos en ocho días.

Y claro, ver al diez rengueando te llena de fantasmas, porque sabemos perfectamente lo traicionero que es el Mundial. La Copa del Mundo de 2026 es el evento deportivo que todos estamos esperando, pero si algo nos enseñó la historia —y el debut contra Arabia Saudita en Qatar 2022 nos lo dejó tatuado a fuego— es que el fútbol no sabe de lógicas. El favoritismo te lo desarman en un ratito, y cuando hay un equipo candidato con alguna vulnerabilidad, los batacazos empiezan a asomarse. Las potencias muerden el polvo contra las cenicientas del torneo mucho más seguido de lo que uno cree.

Las sorpresas que rompieron todos los pronósticos

Fijate si no lo que pasó en 1950 con Inglaterra y Estados Unidos. Los ingleses llegaban como los grandes candidatos de la posguerra en su debut mundialista, tirando a la cancha a figuritas como Alf Ramsey, Tom Finney y Billy Wright. Del otro lado, los norteamericanos armaron un rejunte de laburantes part-time: tenían a un lavaplatos, un cartero y un maestro de escuela. Entrenaron juntos un solo día y se tomaron un barco a Brasil para ver qué onda. A los 38 minutos, Joe Gaetjens metió un cabezazo bárbaro y los yanquis se pusieron 1 a 0. El segundo tiempo fue un peloteo infernal de los ingleses, pero el arquero Frank Borghi atajó hasta el viento, no les dejó meter el empate y metió a su equipo de lleno en los libros de historia.

O vayamos a Suiza 1954. La Alemania Federal de esa época no era la máquina que conocemos hoy; les tocó cruzarse con los Magiares Mágicos de Hungría, que tenían al inmenso Ferenc Puskas liderando el ataque. Los húngaros eran los favoritos absolutos y venían de meter miedo: le habían clavado un 9 a 0 a Corea del Sur y bailaron a los propios alemanes con un 8 a 3 en los primeros partidos. Se volvieron a cruzar en la final. Hungría arrancó ganando 2 a 0 en el primer tiempo y todo parecía un trámite más, hasta que Alemania se despertó, descontó, lo empató y lo terminó ganando 3 a 2 en lo que fue uno de los quiebres más impresionantes de este deporte.

Ni hablar de Inglaterra 1966 y el papelón de Italia. Ya el simple hecho de que Corea del Norte lograra llegar al Mundial fue un quilombo, al punto que la federación inglesa casi les rechaza las visas por todo el mambo de la Guerra Fría con Corea del Sur. Los asiáticos se midieron contra una Italia durísima, que dependía de Giacomo Bulgarelli en la mitad de la cancha. El tipo se lesionó en pleno partido, y como en esa época no se permitían los cambios, los tanos se quedaron con diez. Siete minutos más tarde, Pak Doo Ik sacó un remate que no solo le dio la victoria a Corea por 1 a 0, sino que mandó a los bicampeones del mundo de vuelta a casa. Para que te des una idea del nivel de locura de ese batacazo, la entrada original del partido está exhibida como una reliquia en el museo del fútbol de la FIFA.