El día que un gilense asumió como presidente

La muerte reinaba en las calles argentinas. Las tropas del horror rondaban los barrios, impartiendo la represión más dura que se haya visto. Lanusse, con todo su poder, proclamaba la ley del orden, cuando en realidad se instauraba la del odio y la violencia.

En medio de la catástrofe cotidiana que significaba la dictadura militar iniciada en 1966, un campesino, gambeteando la resignación y el desconsuelo, no dejó de trabajar ni un solo día en pos de lograr la vuelta de la democracia. Se trataba de Héctor J. Cámpora, un dentista que desde la llegada de la revolución fusiladora, no paraba de pensar en la reconstrucción del peronismo. Incluso cuando el aliento de las fuerzas represivas soplaba en su nuca, o cuando fue encarcelado en el sur argentino hasta su fuga en 1957.

Tal vez lo más interesante de Cámpora se encuentre en su continuo trabajo político previo a las elecciones de 1973, antes que en su corta presidencia. Nació en Mercedes, pero luego de obtener el título de odontología en la Universidad Nacional de Córdoba, se radicó en nuestra ciudad. Desde aquí fue donde junto a algunos aliados peronistas como Cafiero y Abal Medina, empezaron las negociaciones y las estrategias políticas para lograr que la dictadura liderada por Lanusse permitiera la vuelta de Juan Domingo Perón.

Héctor Cámpora junto a Evita y Perón

La tarea no era nada fácil: también había que negociar con las distintas facciones peronistas y sindicales, con el fin de asegurar la vuelta del General en óptimas condiciones. Luego de meses de charlas y debates, de propuestas y contrapropuestas, de una gira por unidades básicas de todo el país; el campesino se salió con la suya y lo que parecía una utopía, se estaba realizando: el líder del movimiento aterrizaba en Ezeiza el 17 de noviembre 1972. Sin embargo, lo que en principio estaba pensado como una fiesta peronista, se transformó en una masacre. Es que las disputas entre los sectores de izquierda y derecha seguían intactas y las palabras dieron lugar a las balas.

Cuando parecía que todo el plan iba en picada y que las elecciones de marzo del 73 iban a ser un fracaso, aquel odontólogo campechano continuó haciendo lo que mejor sabía hacer: trabajo político. Las reuniones con los distintos sectores se reiniciaron y volvieron las giras por las unidades básicas y por las centrales sindicales.

Perón todavía estaba proscripto, por lo que tenía que elegir a un sucesor para que encabezara la lista. El general no dudó: el candidato debía ser el gilense que no había dejado de trabajar ni un momento, Héctor José Campora.

El 22 de enero de 1973, en el Parque Municipal Lillia, el Tío dio inicio a la campaña con un discurso que fue escuchado por decenas de miles de personas. El público llegó a San Andrés de Giles desde todo el país para asistir a la génesis de lo que sería un proceso histórico. Probablemente nunca hubo tanta gente en nuestra ciudad como en ese día. Es que la fila de colectivos estacionados empezaba en la puerta del parque y se extendía por toda la avenida Scully, pasando por el acceso Colón, hasta la ruta 41.

Cámpora en el lanzamiento de su campaña en 1973

Las elecciones del 11 de Marzo, dieron por ganador a Cámpora y con su ascenso a la presidencia, subiría a la historia una parte de Giles. Asumió el 25 de Mayo en el Congreso Nacional ante una plaza repleta de militanes. Cuando llevaba un poco más de mes y medio a cargo del Poder Ejecutivo, eliminó la proscripción de Perón y renunció para que su líder político pueda volver a competir.

Esa tendencia irrefrenable al trabajo y la lealtad, hizo que cuando los paladines del terror regresaran en 1976, se transformara en un objetivo a eliminar. Como en 1966 fue perseguido, se asiló en la embajada de México de nuestro país donde luchó contra un cáncer de laringe. Los militares permitieron recién en 1979, cuando ya estaba gravemente enfermo, su salvo el salvoconducto necesario para viajar a México.

El oncólogo Ernesto Speer afirmó que las demoras en la adecuada atención al ex presidente fueron determinantes para que su enfermedad fuera incurable. Murió el 19 diciembre de 1980, a los 71 años, en Cuernavaca, México.

Hoy se cumplen 47 años de la llegada a la rosada de un presidente que fue gilense por elección. En este nuevo aniversario vale recordar no sólo al líder del Ejecutivo Nacional, sino también al luchador incansable de la democracia.

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