Alguien está en problemas: capítulo VIII

VIII

<<Rajar, rajar con cuidado, no vaya a ser que el guachazo nos alcance…>> se repetía entre estremecimientos Iván Resaac, cuando esa mañana prácticamente salió huyendo del bar.

-¡Cómo le sangraba la nariz!- soltó cruzando la calle.

Subiéndose al auto en un apremio que no descuidó la cautela, mucho se alegró cuando oyó el silencioso rugido del motor. Ni que hablar del contento que sintió al haber conseguido hacer limpio todo el trayecto hasta llegar a su casa.

Por lo demás, el almuerzo bien, la siesta lo mismo; no digamos nada de la tarde, la tardecita; menos de la noche…

<<Ni un drama… Ni un solo inconveniente en todo el día…>> pensó Iván Resaac.

-¡Pero qué maravilla!- exclamó en voz muy bajita.

El gluglú del vino cayendo pacíficamente sobre el vaso, y la sonrisa de su esposa terminando de preparar cena, fueron la completa confirmación de un día que culminaba por fin con una total ausencia de equívocos o altercados.

<<Se ve que sabiéndole el nombre, ya no me puede hacer tanto daño… Pierde poder…>> conjeturó Iván Resaac mientras con detenimiento y suspicacia hacía girar la botella de vino <<El muy hijo de puta…. ¡Ya te tengo, rata apestosa! ¡Lenno! ¡Lenno Lynn! ¡Fijate como hoy te salió el tiro por la culata…! ¡Se la diste a un inocente! Ja jajá… No pudiste conmigo… >>

Sin embargo, y como era de esperar, esa madrugada un mal sueño lo despertó agitado.

 


 

Novela escrita por Rienzi Leonardo Curotto, ilustrada por Magdalena Uncal Basso

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