Los estudiantes del mañana en la universidad de hoy

Los jóvenes gilenses.

Por Sofía Stupiello

Candela Ledesma y Laureano Gallo son estudiantes de Administración que este año comenzaron con sus estudios universitarios. A fines de 2019, ambos recibieron el diploma que los convertía oficialmente en egresados de la Escuela Secundaria N° 1. Una gran etapa de su vida se cerraba casi al mismo tiempo que dieron sus primeros pasos dentro de las universidades que eligieron. Candela sabía desde hacía mucho que estudiaría en la Universidad de Luján, mientras que Laureano prefirió la Universidad de San Antonio de Areco. Al igual que Candela, Enrique Pesoba se anotó en la UNLU, ya que es la única universidad de la zona en la que se dicta la carrera de Enfermería de nivel universitario que no está arancelada.

Febrero llegó rápido y los tres comenzaron sus respectivos cursos de ingreso. Conocieron a sus nuevos compañeros, a los docentes y a esos pasillos que imaginaban recorrer durante todo el cuatrimestre preguntando “¿dónde queda la fotocopiadora?” e iniciando conversaciones del tipo “dónde cargo la sube?”. Pero toda esa cotidianeidad se interrumpió de golpe. Eso va a tener que esperar. Hoy las charlas giran alrededor de  textos en PDF, usuarios, contraseñas, videollamadas y mails. La pandemia los obligó a cursar en sus casas.

“Tengo que leer un texto de 20 páginas, otro de 5, otro de 10, mirar dos videos de 20 minutos cada uno y con todo eso hacer un trabajo de 18 preguntas, eso es solamente de una materia, así que imagínate”, me cuenta Candela por whatsapp, que ya tiene resuelto casi todo pero su “cabeza estalla” . Su nueva vida como estudiante no se parece en nada a la escuela, ni a lo que había imaginado.

Candela también me cuenta que las primeras clases fueron presenciales y quedó impactada por la cantidad de alumnos que había en el aula y hasta en los pasillos de la UNLU, asomándose por la ventana para poder ver y escuchar algo. La gran cantidad de inscriptos fue el mismo motivo que provocó que los docentes  tardaran tanto en encontrar una aplicación que soportara alrededor de 100 alumnos simultáneamente. Intentaron con zoom pero fue imposible, finalmente Jitsi fue la mejor que encontraron, sin límites de tiempo ni de usuarios conectados.

Laureano, quien estudia en la UNSADA, afirma que “la modalidad virtual es más fácil para los profesores porque cargan el contenido y listo, pero para nosotros es más difícil porque  las consignas no te las explican como hacían en la escuela, que si no entendías algo preguntabas y te explicaban de nuevo. En la virtualidad no tengo esa posibilidad porque la única manera de comunicarme con los profesores es a través de la plataforma digital de la universidad y ellos pueden responderme en dos minutos o en dos días”. Sin embargo admite que “es parte del proceso de aprender a transitar la universidad pero justo nos pasó que lo tenemos que aprender desde casa.”

Por su parte Enrique sostiene que no es el mismo nivel educativo comparado a lo que se aprende durante las clases presenciales. “Sentimos que no estamos aprendiendo como deberíamos pero al mismo tiempo estamos llenos de trabajos prácticos. Por ahora es la única forma que encuentran de evaluarnos, esta es una situación que nos sorprendió a todos”.

Está claro, la dinámica de la educación a distancia no es la misma que la de una clase presencial pero la comunidad educativa está haciendo un esfuerzo sin precedentes ante una situación inédita para sostener las cursadas de miles de estudiantes y entre ellos los que recién arrancan, ingresantes como Candela, Laureano y Enrique. Quizás sean ellos los más afectados o quizás, sean parte de una nueva generación de estudiantes. Hoy, conejillos de india de una nueva modalidad educativa que irrumpió como una necesidad en tiempos de crisis.

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