Vivir en China en tiempos de coronavirus

Por Gonzalo Ifrán


El Polo Textil de Keqiao, en la provincia de Zhejiang, China, amanece con baja nubosidad. Son las 8.30 de la mañana. Pia Kelly toma su teléfono y manda una serie de audios contando en detalle lo que el país vivió durante dos meses. Esa zaga que se empezó a extender al mundo con diferentes versiones, pero las mismas tristes consecuencias. Pia toma una foto desde lo alto de su oficina para darle contexto a esa historia. Un sinfín de torres y calles despobladas pintan el paisaje.

Cuando recibo los mensajes son las 22.30 horas en Argentina. Debo reconocer que estaba agotado, casi durmiéndome. El coronavirus trajo a nuestra pequeña ciudad otro ritmo para la actividad periodística, las noticias no paran de generarse y el público está expectante, algo obligado por la prohibición de circulación y un poco curioso por conocer más sobre el virus. Este último factor me despertó por completó. No dudé y empecé a reproducir una historia que esperé un día completo escuchar.

Pia Kelly (35) es gilense, reconocida diseñadora textil recibida de la UBA con uno de los mejores promedios de la carrera. Su actividad profesional en la empresa Pehuen Consulting la llevó en dos oportunidades a trabajar a China. Hasta que el año pasado, recibió la propuesta formal de mudarse a la República Popular por dos años. Su respuesta fue un sí. Como el que le dio a su compañero Lio, meses antes de partir para formalizar el matrimonio.

En junio de 2019, los recién casados se instalaron en el país oriental. Sabiendo de las complejas que son las costumbres, la pareja vio con buenos ojos el desafío laboral y personal. Para festejar los 10 meses de estadía pensaron, tal vez, visitar Shanghái y vivir así el Año Nuevo Chino, el 2020 “Rata” como lo fijó el calendario. Esta festividad es la más importante del año extendiéndose durante casi 15 días. Todo se paraliza en el territorio rojo. Pero, tras idas y vueltas, finalmente decidieron no ir. Esa decisión los mantuvo a salvo o, tal vez, alejados del mal que hoy tiene en vilo al mundo entero.

IC: Cuándo se conocieron los primeros casos de coronavirus ¿Cómo fue la reacción del Gobierno y la de los ciudadanos?

PK: Acá lo que pasó fue que arrancó el Año Nuevo chino (24/1), que es el momento de mayor migración del país donde la gente se traslada a sus ciudades de origen. Donde estamos nosotros, que es un pueblo de trabajo textil, no quedó prácticamente nadie, porque son trabajadores que viven en otros lugares. Para que se den una idea se saturan los transportes, los precios son mucho más elevados y es impresionante la cantidad de gente que se mueve.

La primera noticia acerca del virus fue el 21 de enero, cuando nos comparten una noticia por el grupo de expatriados. Fue la primera vez que leímos sobre el tema sabiendo que se estaba desatando en Wuhan. Nosotros no tenemos mucho acceso a las noticias porque acá no se maneja el inglés, no es como en Shanghái, que es mas cosmopolita y hay mas extranjeros. No hay carteles en inglés ni en el supermercado, yo solo hablo en ese idioma con la gente que trabajo. Así que ese grupo de Wechat nos fue dando la información.

El 22 de enero me acuerdo que mi papa me mandó un mensaje hablándome del virus, y obvio, me pidió que tenga cuidado. Nosotros queríamos ir el 23 a Shanghái para pasar allá el 24, la noche mas importante del Año Nuevo chino, pero decidimos cancelar porque estaba todo carísimo. Así que nos quedamos y fue una decisión sumamente acertada.

En ese momento nos recomiendan empezar a usar barbijos y ya no había abastecimiento. Fue todo rápido, Wuhan se consumió todo y se sumó que no había producción porque todo estaba parado por el feriado. Tampoco había alcohol en gel y si lo comprabas por Internet tardaba dos semanas en llegar. De hecho, a mí la empresa en la que trabajo me mandó barbijos desde Argentina. No estábamos asustados, sabíamos de las precauciones y la realidad era que solo era en Wuhan. Creo que nos pasó un poco por ser extranjeros y porque no teníamos la información real. Nosotros estamos a 500 kilómetros de donde se desató todo.

IC: ¿Después de esa situación se declaró la cuarentena?

PK: Alrededor del 23 de enero, dos colegas chinas me empezaron a adelantar que el virus era muy fuerte y que tenia un poder de contagio muy rápido y que pedían ya que se queden en sus casas lo más posible. Se estaba corriendo la voz de que el Año Nuevo chino se iba a extender y que no iban a dejar que la gente vuelva a sus casas, y claro, retrasar clases y la apertura de las fábricas, empresas, etc.

El 27 de enero recibimos en nuestro edificio un informe que decretaba la cuarentena. China se movió rápido, desde que se detectó, ya a la semana estábamos aislados. El Gobierno estableció que un solo miembro de la familia podía salir cada tres días por un máximo de tres horas solo para ir al super y regresar a casa. Acá se cumple a rajatabla porque la sociedad confía plenamente en lo que dice el Gobierno. De hecho, en nuestro edificio se cerraron puertas y nos hicieron tramitar una credencial para poder circular. Otras medidas fueron que te tomaban la temperatura cada vez que entrabas y salías de cualquier lugar público como un edificio o el super e incluso te desinfectaban el auto completo. También los comercios redujeron sus horarios y personal. Acá estuvimos 10 días de cuarentena obligatoria.

IC: Teniendo en cuenta estas drásticas medidas y el impacto mundial que tenía el coronavirus ¿Tuvieron miedo?

PK: Miedo no tuve, si precaución. Use el barbijo y tomaba todos los recaudos como usar anteojos y lavarme las manos todo el tiempo. Eso fue lo principal, se mantuvo limpia la casa, ventilada y se cocinaba bien la carne. Otro tema era hacer ejercicio y claro, no salir. Cuando decretaron la cuarentena salí lo mínimo. Eso es clave porque es el granito de arena que podemos aportar, no importa cómo te sentís, vos te tenes que quedar en tu casa. Acá se dilató todo, además de los 10 días de aislamiento llevó un poco más de una semana el funcionamiento normal de las empresas. Las clases aun no empezaron.

Lío y Pía.

IC: ¿Tenían contacto con el consulado mientras sucedía la pandemia?

PK: A nosotros desde el consulado nos enviaban a diario información oficial con la situación del virus, un reporte completísimo, eso fue sumamente importante porque teníamos hasta teléfonos de emergencia. Nos sentimos sumamente acompañados por la embajada, estuvieron muy presentes. Incluso nos mandaron mensajes personales y hoy seguimos recibiendo información.

IC: ¿Cuál es la situación actual de China dos meses después del brote?

PK: Está normalizada. Seguimos con barbijos y precauciones como el lavado de mano, pero las actividades son normales. El Gobierno antes de levantar la cuarentena puso reglas estrictas. Hubo un control masivo de toda la gente que empezó a regresar a su ciudad. Estos tenían que estar 14 días en su casa aislados con un control sumamente extremo, se ponía una banda en la puerta de la casa prácticamente clausurándola. Tenían controles diarios de personal del Gobierno que venía a revisar la situación. Y lo digo conociendo un caso, un vecino de nuestro edificio estuvo así.

También a las empresas se le pusieron controles, se organizaron los horarios de comida y se controlaron, por ejemplo, que las personas no se saquen los barbijos si estaban a menos de un metro de otra. Cada persona tuvo que empezar a llevar su comida, acá es muy normal que haya cocinas para los trabajadores. Muchas empresas pusieron un scanner para controlar la temperatura de los trabajadores. Pero en definitiva, empezaron a trabajar en un 20% o 30% de su capacidad y a medida que fue mejorando se fue habilitando más personal.

Recién esta semana se dejó de hacer el control de temperatura y se comenta que el mes próximo no vamos a tener que usar más barbijos. Incluso, yo ya mandé barbijos a Argentina y sé que el país lo está haciendo a otros lugares. Está todo más tranquilo. Suponen que para el 8 de abril se va a levantar la cuarentena en Wuhan. Lo que se está notando ahora es el coletazo económico, porque hay muchos países en cuarentena. No se pudo reactivar la economía todavía.

A la izquierda la vista de la oficina de Pia. En la derecha la puerta del vecino que estuvo aislado 14 días por estar en una zona de riesgo.

IC: ¿Podemos concluir que las medidas a tiempo hicieron que la situación no sea peor en China?

PK: Sí, como veníamos hablando. A mi criterio la clave fue la rápida determinación de prohibir el tránsito de personas, cerrar las provincias y el aislamiento social. Básicamente eso es lo más importante, no moverse.

IC: Teniendo en cuenta la experiencia que les tocó vivir ¿Qué le recomendás a los argentinos?

PK: Nosotros teníamos menos información que la que tiene Argentina hoy. Era algo nuevo; por ejemplo, no sabíamos que el virus quedaba en la superficie, nos enteramos mucho después. Si se siguen las recomendaciones del Gobierno, les va a ir mucho mejor. Me parece super bien que así sea, van a tener un buen resultado.

Mi recomendación es que no estén todo el día en la TV mirando la cantidad de infectados o de gente que fallece. Hay que mantener una rutina, hacer ejercicio, alimentarse bien, hacer cosas que antes no hacíamos. Sobre todo, es importante mantener la tranquilidad. Nosotros estábamos a pocos kilómetros de donde se inicio el primer foco y la pudimos llevar. Los argentinos se tienen que quedar en sus casas, no hay otra.

IC: ¿Crees que algo va a cambiar después del COVID – 19 en China?

PK: Un cambio radical fue la inmediata prohibición de venta de animales salvajes, ese es el único cambio que creo que se va a dar. No estoy segura que se lleven a cabo otros cambios, es una cultura muy difícil de comprender. Para ellos consumir un animal recién faenado es lo más saludable, cuanto más fresco este, mejor es. Es muy normal ver en los supermercados peceras con cangrejos, tortugas… todo eso se vende vivo. Es una barrera que va a ser muy difícil derribar. Aunque no sea en todos lados, esto depende mucho de la zona.

Cómo digo eso, también tengo que reconocer que la comunidad China nos ayudó. Muchos conocidos de acá se pusieron a disposición y eso estuvo bueno, lo sentimos así. Vivir en una cultura distinta es muy difícil y atravesando esta compleja situación más aún. Pero se portaron muy bien con nosotros.

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