Luis Lipuma, el DJ del pueblo

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Década del 80, la calesita de la Plaza Cutillas gira al ritmo de la música. En ella los chicos sonríen mientras intentan quedarse con la sortija; los papás de la época, sin celular en mano, observan y animan con atención. Luego de cada turno, el joven calesitero corre para volver a poner el cassette que corresponde. En ese gesto se escondía una pasión. Casi sin pensarlo, Luis Lipuma, el joven de la sortija, se transformó con el paso del tiempo en el musicalizador por excelencia de las noches gilenses.

“Los hermanos Romero me vieron en la calesita y me propusieron pasar música en los bailes del Club Almafuerte. Después me llevaron a hacer radio, en 1990 llegué a Radio Vall y no me fui más” destaca Luis mientras prepara el mate. En sus comienzos fue Soda López el que se encargó de orientar a Lipuma en la consola, luego la historia ya es conocida.

Héctor Valli lo apadrinó. Empezaron los bailes en las localidades, las bailantas del centro y llegó la inauguración de Aeropuerto en 1997. “Héctor me enseñó todo, cómo relacionarme con la gente del ambiente, la forma correcta de trabajar, era muy profesional. Se convirtió en parte de mi familia, hasta me llevaba a la cancha de Boca” recuerda Luis mientras intenta no emocionarse. Misión imposible.

En esos tiempos ser DJ no era sencillo. Había que manipular discos, cassettes y estar atento a todo “¡Si se te cortaba la cinta no te daban las manos!” cuenta entre risas. Los años pasaron y Luis se fue concentrando en Aeropuerto Bailable, su casa, cómo él mismo reconoce. En estos 22 años del boliche fue el propio Matías Valli quien reconoció a Lipuma por su trayectoria. El público respondió con una ovación, como si fuera él una estrella de la bailanta más.

“Pasar música para mi es especial. Hay temas que me emocionan, no me puedo desconectar de lo que genera cada canción, trato de que nadie se dé cuenta pero es inevitable” cuenta Luis mientras repasa grandes shows de la movida. La mayoría de ellos de cuarteto y cumbia santafesina, sus preferidos. La música cambió, no reniega de eso, incluso suele dedicarle tiempo a los nuevos géneros. “Yo trato de escuchar todo, hoy es más fácil porque está en la web. Antes teníamos que ir a una disquería y escuchar un CD completo para descubrir los temas” confiesa.

Estar en la cabina para Luis es sagrado. Su fidelidad con la firma no tiene límites, incluso el sábado que su papá falleció ahí estuvo. Escondiendo su tristeza en cada tema que sonaba. A pesar de mantener una relación lejana con su padre, esa noche está en su memoria. Lo sintió así y hoy no se arrepiente.

Desde las alturas de la torre de control, el Pulpo mira con atención al público. Claro, ellos son los que aprueban o desaprueban sus elecciones. Si no se baila algo malo está pasando. “El secreto es Rodrigo, cuando suena un tema de él todos se ponen a bailar o te levantan las manos” exclamó el DJ quien se reconoce como fan del cordobés. En la pared de su living una foto con el Potro a fines de los 90´ luce como un tesoro preciado.

Luis se reconoce como una persona de rutina. Cerca de la medianoche llega al Complejo donde controla que cada cosa esté en su lugar. Incluyendo el mate, que claro, no puede faltar. “Daniel Agostini, Oscar Belondi y algunos más saben que siempre está listo y antes de irse pasan a compartir el mate con nosotros. Para mí es fundamental”; a las seis de la mañana empieza la retirada, después con el grupo de trabajo se organizan para desayunar juntos y así cerrar una ardua jornada.

Pasaron tres décadas y el DJ sigue estando ahí. Poniendo esos temas que en otra época, cuando se bailaba más, tal vez formaban parejas. Levantando el ánimo de aquellos que salieron para distraerse o provocando la euforia de quienes están ahí para celebrar algo. El Pulpo es una marca registrada que con humildad, compromiso y trabajo se ganó el respeto de todos aquellos que alguna vez se animan a tocar una consola.

La charla con el DJ del pueblo se va terminando. Luis opina de Boca y de la situación política actual, sin antes hacer mención a algunos temas nuevos que ya están sonando. Sin ser amigo de los flashes, Lipuma construyó una carrera para aplaudir de pie. El vecino “que pasa música” es mucho más que eso, el Pulpo es quien nos hace bailar ¿Y qué mejor?

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