Patricia González López: “si tenes que pensar lo que escribís, no sé si es poesía”

Patricia González López.

Patricia González López es una de nuestras jóvenes poetas. Sus escritos, directos al hueso, interpelan a los lectores que consumen una poesía que sorprende de la primera a la última palabra. Leer a Pato es una buena aventura.

La poeta nació el 7 de Agosto de 1986 en Capital Federal. Es licenciada en Relaciones Públicas por la Universidad de la Matanza y realizó durante su carrera la Maestría en comunicación, cultura y discursos mediáticos. Además es docente e investigadora de la misma casa de estudios.

En el día de la poesía, Patricia le cuenta a Infociudad cómo fueron sus comienzos. La autora de Doliente, Maldad: cantidad necesaria y Otro caso de inseguridad, entre otros títulos, se refirió también a la exposición de los escritores, el lenguaje y los tiempos de inspiración.

Infociudad: ¿Cuándo descubriste la poesía?

Patricia González López (PGL): Yo me di cuenta que en la poesía había algo como a los 20 años, cuando ya habían pasado ocho años que escribía. Comencé a escribir a los 12 años y en un momento me di cuenta que me gustaba mucho la poesía y desde entonces escribo.

El momento en que empecé a escribir fue muy gracioso, estaba en mi casa mirando “Susana Giménez” con Emanuel Ortega. Ella le preguntaba si era verdad que él componía sus propias canciones y él le dice que si, a lo que ella le responde que era muy lindo y admirable expresar sus sentimientos y cuán admirable es la gente que puede expresarlo en cada letra. En ese momento me dije a mi misma que quería escribir, agarré un cuaderno y empecé a ver cómo se escribía, a preguntar, a hablar con las maestras, les comenté que había empezado a escribir y les pedí que me corrijan. Fue algo rara mi iniciación, pero me acuerdo patente esa noche.

En mi casa no había libros, lo que tenía era una enciclopedia para estudiar las cosas del colegio. Los libros relacionados a la poesía llegaron después de que me decidí a escribirla. Al revés de lo que pasa generalmente, unos siempre empieza leyendo poesía y luego empieza a escribirla. Mi casa era una casa de televisión, no había nada de libros.

IC: ¿Cómo se maneja la exposición del escritor en cada poesía?

PGL: Internamente se labura en el momento que estás escribiendo, yo tengo una filosofía en mi escritura que es “cuando pienso paro”, si vos tenes que pensar lo que escribís, no sé si escribís poesía, lo estás armando, corrigiendo, pero en general en la poesía descubrís cuando terminas de escribir que es lo que estás sintiendo, que es lo que te está pasando. Escribas de vos o de afuera siempre es algo personal. Después cuando uno se lee hace una interpretación y siempre hay un dato y un redescubrimiento.

IC: ¿Cómo te llevas con las estructuras tradicionales de la poesía? ¿Escribiste alguna vez un soneto siguiendo la estructura?

PGL: Si, de chiquita escribía muchos sonetos, romance, en ese momento seguía mucho las estructuras, las metáforas. Me acuerdo que buscaba palabras en el diccionario, veía cosas nuevas y qué nueva palabra podía utilizar; yo escribía desde mi representación de la poesía, desde lo que aprendí de los manuales, las estructuras, de lo que se suponía que era la poesía. Después vas conociendo el mundo, vas viendo lo que pasa y lo que te pasa a vos y cuando te olvidas de esas estructuras y te olvidas de los grandes temas, uno empieza a conocer las miserias y ahí arrancas con otro camino. Generalmente todos los poetas empiezan escribiendo de la luna, sobre el silencio y alguna otra verdad, después cuando entras en tu intimidad me parece que es lo más valioso, es lo que sabes realmente.

IC: ¿Encontraste en el leguaje simple ese camino para llegarle más fácil a las personas?

PGL: Sí, y para llegar más fácil a mí también. Eso me lo enseñó una profe de la facultad, que la tuve en mi ingreso, en la carrera y en la maestría. Yo le pasaba poemas para que los lea y me corrija, un día me acuerdo que le pase uno que decía “tu no sé cuánto”, pero estaba escrito en “tu” y me pregunto porqué lo hacía en “tu”, si yo hablo con “vos”, todos hablamos con el “vos” y me dijo que no es más poético porque uses el “tu”. Eso me marcó.

IC: En uno de los últimos libros que escribiste hablaste de la inseguridad domestica ¿Nos podés contar de qué se trata?

PGL: Yo pensaba en la inseguridad primero como un hecho íntimo, en la gran mayoría de los casos todos pasan por grados de inseguridad. Por ejemplo, si yo pienso que soy poco atractiva me genera celos, envidia, todos sentimientos feos, que a la vez genera otras inseguridades. Pero la inseguridad también puede ser la mamá, el papá, la pareja.

A veces también pasa que algunas personas tienden a quedar bien con el afuera, es fácil entrar a un negocio y decir “buen día” o “muchas gracias”, pero capaz que estás en tu casa te despertás y no decís ni “buen día” ni “muchas gracias”, no sos tan amable; siempre se tiende a quedar bien con el afuera y a maltratar o a no tratar tan amablemente a las personas que nos rodean. Después la inseguridad que se vive con una pareja que puede llegar al golpe o no, a veces es una psicopateada, que va tomando muchas formas sutiles de violencia. Muchos chicos también, niños expuestos a un montón de actos violentos o inseguros.

Empecé a indagar en todo eso, en que es la inseguridad, para los patrones el empleado es inseguridad, si falta uno cuando llueve o porque está enfermo o si hace mal las cosas. En el 2001, por ejemplo, la inseguridad era que no te devuelvan los ahorros. Va cambiando el concepto, por eso lo labure un poco desde lo más íntimo hasta lo más social.

IC: ¿Cómo escribe un poeta?

PGL: En mi caso escribo en cualquier lado, parada, sentada, en un cuaderno, mucho en los borradores del correo electrónico, porque se me ocurren cosas en cualquier lugar entonces me anoto la idea o directamente el poema; después hago la etapa de revisión, ahí si me siento tranquila en casa veo que estoy escribiendo, que me está preocupando. Una vez escribí un poema en el estoqueo de una fábrica, que era un trabajo de unos pocos días, pero durísimo, y en un momento paré y me puse a escribir un poema. También me ha pasado durante un parcial, o en clases, una vez me puse a escribir en un cierre de lista electoral, en donde todos se estaban peleando por quien iba primero y quien segundo. Pero escribo en cualquier lugar y momento.

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