El mecánico pensante

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El "Negro" Segovia en su lugar en el mundo.

“No detenga su motor” es una conocida canción de Riff, escrita por el rockero y fierrero Norberto “Pappo” Napolitano. En Giles un vecino le hizo caso a su tocayo, y no solo que no lo detuvo en 57 años de trayectoria sino que también los arregló. Norberto Segovia (70) alcanzó en octubre pasado esa inusual cifra entre las herramientas y los repuestos. Una vida de taller.

En el campo, donde pasó su infancia, tuvo su primera experiencia entre los fierros. A los 6 años ya manejaba los tractores y metía mano mientras su hermano mayor Oscar (técnico mecánico) reparaba las máquinas. Norberto terminó 6° grado y quiso entrar al Industrial pero “por las políticas de esa época estaba cerrado” recuerda. Es por eso que con solo 13 años, transformó un taller en el aula de sus días. Ayudado por Oscar empezó a trabajar en el taller de Pizzi, a pesar del lazo familiar no evitó el bautismo de todo mecánico principiante. “Primero arranqué barriendo, de vez en cuando lavaba una pieza. Al tiempo mi hermano me fue enseñando y comencé a meter mano” cuenta el “Negro” Segovia en Feria Americana, programa radial de infociudad.

El tiempo pasó y la carrera de los hermanos Segovia creció. “Cuando yo tenía 18 años mi hermano me dice de ponernos el taller solo. Ninguno de los dos teníamos un mango partido al medio pero encaramos igual. Ronald Valli nos dio un terreno en la Shell (actual cruce de RP 41 y RN 7) con facilidad de pago y arrancamos con un tinglado, sin paredes y piso de tierra. Trabajábamos todos los días” afirma Norberto sobre aquella aventura. Arriesgar valió la pena, con una caja de herramientas que aún conservan pero “con muchas ganas de trabajar”, los mecánicos fueron construyendo un potente motor de vida. El apellido Segovia se transformó rápidamente en un emblema cuando de reparaciones se trataba.

En 1975 el “Negro” ajustó la tuerca justa con la precisión que lo caracteriza. Cansado del trabajo pesado (atendían muchos camiones y vehículos de gran porte) decidió montar su taller en el casco urbano. Por primera vez en solitario tuvo que poner a punto su propio negocio, forjar una clientela y demostrar que él era una buena opción. La historia juzgó su accionar con una vigencia total.

El apasionado de investigar para “encontrar el porqué de las cosas” trabajó dentro y fuera del taller, con herramientas de acero y otras de papel. “Toda mi vida leí. Compré todos los libros habido por haber. Hoy tenemos la suerte de tener la computadora. Siempre fui muy meticuloso para saber de medidas, que para mí eso es fundamental” cuenta Norberto, dando una lección más.

Pasaron las décadas y los autos por el taller de la calle Sarmiento. Pero también se renovó el staff de trabajo. En 2012 su hijo “Caño” se sumó para dar inicio a una nueva generación familiar de mecánicos. “Si no hubieses sido por él, yo ya lo hubiese cerrado el taller. Pero eso me motivó a seguir. Hace un año y medio le dije: esto es tuyo. Yo cumplí mi misión” dice Norberto con notoria emoción en su rostro. El legado ya carbura en una época dominada por la tecnología y los apasionados.

La adaptación al cambio

Que los motores cambiaron no es novedad. Solo hace falta levantar un capot para encontrarse con el nuevo paisaje: una caja negra con algunas mangueras oscuras, un par de cables y detalles estéticos que parecen haber sido diseñados por un artista plástico. A pesar del cambio de época, Norberto siguió. Aunque con nuevas estrategias.

“Yo llevo la mecánica adentro. Sigo trabajando con las mismas ganas del primer día, ahora con la ventaja de que me apoyo en la cuadrada” sentencia Segovia, mencionando a la computadora con ese último cariñoso adjetivo. Norberto sigue estudiando pero le da prioridad a su hijo cuando de tecnología se trata “cuando tenemos que enchufarla él me manda con las tapas y esas cosas” dice entre risas.

Segovia aclara que la computadora no es la solución sino “una brújula para encontrar el problema”, por lo que siempre requiere del oficio, el ingenio y la sabiduría del mecánico. Para el tallerista hoy es más fácil arreglar un motor; a pesar de ello su mensaje para la juventud es contundente: “yo siempre les pido que estudien y que hagan las cosas con pasión. Si no quieren lo que hacen no van a ser felices”. Digna reflexión de un laburante que usa las herramientas primero con la cabeza y luego con las manos.

Pie derecho pesado

El hincha de River también tuvo su exitoso paso por la competición. Primero como piloto, cuando en 1968 debutó manejando un Fiat 600 en el Parque Municipal. “Así arrancamos, ese día salí segundo entre grandes pilotos. Mis amigos y mi hermano se entusiasmaron enseguida. Entonces armamos un buen auto” explica Norberto.

Su taller en la vieja Shell le puso en el camino a un dueño de un equipo de Fórmula 4. Sin conocerlo, el buen hombre le dio la chance de probar su auto en Junín. La oportunidad no la desaprovechó. “Ahí me tocó la varita mágica. Paró de casualidad para que le arregle un Torino y terminé corriendo cuatro años para él. Con la fórmula conocí de verdad la mecánica” cuenta el gilense.

Esa experiencia le permitió conocer a grandes personajes del automovilismo argentino, como fue el caso de Oreste Berta. El “mago” lo vio soldando su auto y le alagó su forma, el “Pata Santa”, un personaje gilense, se ve que le había enseñado bien. El diálogo siguió en las carreras y la confianza creció. “Berta me enseñó durante una hora a poner a punto un árbol de levas. Fue una satisfacción gigante como cuando pude conocer la fortaleza” dice el “Negro”.

Luego como piloto – preparador Norberto se construyó su propio auto de TC del Oeste. Una unidad súper adelantada para la época. Con el paso de los años también llegó al TC Pista donde atendió a Luis Zuffo y otras tantas categorías de relevancia.

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