Golpes que nos duelen

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Esto sucedió en San Andres de Giles hace unos días entre un grupo de jóvenes.

Por Sofia Stupiello


Estefanía Juri, Licenciada en Trabajo Social y Coordinadora de la Oficina de Prevención de Violencia Intrafamiliar y de Género de Carmen de Areco, asegura que “la violencia está presente en nuestra sociedad en sus múltiples formas. La misma, en ocasiones, es naturalizada e invisibilizada”.

El video que se difundió en las redes muestra una escena desoladora: cinco fueron las jóvenes que se golpearon en el piso de la Plaza Saraví hace una semana. Patadas, piñas, tirones de pelos e insultos se vieron en los pocos minutos que dura el video.

“Cuidado el agua” se escucha decir a la “amiga” que filmaba mientras sus amistades se lastimaban en el suelo. En las redes sociales, los vecinos manifestaron que lo más indignante fue que ninguna de las jóvenes presentes se metió a separar a sus amigas sino que, por el contrario, filmaban e incentivaban a que se sigan golpeando. De esto habla Juri cuando dice que la violencia es naturalizada, ya que es considerada como una opción válida  y “normal” para solucionar situaciones. Esto impide que la violencia sea vista como un problema y se convierta en algo cotidiano.

La semana pasada también se conoció la noticia de que una joven fue agredida y golpeada por un compañero en una escuela secundaria de nuestra ciudad. Las fotos que fueron subidas a las redes demuestran lo herida que quedó la joven, con uno de sus ojos totalmente negro.

Lo que conocemos como violencia escolar ya lleva más de 40 años de investigación en las ciencias sociales. En la década de los ´70 se inicia en los países nórdicos la investigación sobre el maltrato entre alumnos. El término “bullying” que tanto se oye en nuestro tiempo, significa acoso, intimidación u hostigamiento.

Los psicólogos y especialistas en la problemática afirman que se refiere a la existencia de un desequilibrio de fuerzas, en la cual se da una relación de poder asimétrica. Afirman que el maltrato escolar se relaciona generalmente con un esquema de dominio- sumisión (victima- victimario) que reemplaza o evita el desarrollo de relaciones de amistad más igualitarias entre los jóvenes. De esta manera, son frecuentes las situaciones duraderas de acoso y humillación con presencia de violencia verbal y física.

La licenciada en Trabajo Social asegura que “erradicar la violencia en sus diversas formas requiere un compromiso social y político, la responsabilidad por ello nos involucra a todos y todas”. Coincide con los aportes de muchos teóricos e investigadores que afirman que la violencia no es algo personal. Reducirlo a algo individual encubre que las relaciones de poder, dominación y violencia se insertan en prácticas culturales, dispositivos institucionales y relaciones grupales que las sostienen.

Según la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) 4 de cada 10 estudiantes secundarios admite haber sufrido acoso escolar. En el 2013 se sancionó en Argentina la ley 26.206 para la promoción e intervención escolar sobre la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas de todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional.

“Hoy el sistema educativo debe enfrentarse a un gran desafío: construir prácticas de respeto y buen trato entre los jóvenes, quienes serán los verdaderos promotores de los cambios de relaciones futuras”, sostiene Estefanía y considera que la escuela es el espacio más adecuado para desarticular y cuestionar los argumentos justificatorios de la violencia entre los jóvenes.

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