Cigarrillo electrónico: una moda prohibida

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Foto ilustrativa.

La mayoría de la población mundial, por no decir toda, está al tanto de las consecuencias a las que se expone cuando fuma un cigarrillo de tabaco, que en muchos casos pueden llegar a la muerte. En los últimos años, un porcentaje no menor de los activos fumadores han pasado, por varios motivos, a pitar nicotina de un objeto que ha generado polémica desde el primer momento en que salió al mercado: el cigarrillo electrónico.

El novedoso invento es un sistema inhalador diseñado para simular el consumo de tabaco creado en China en el año 2003. Especialistas de la salud, comerciantes, importadores y consumidores aún no conocen el real impacto que ocasiona en la salud de las personas que “vapean”, si es bueno y disminuye el riesgo de contraer alguna enfermedad o, todo lo contrario, si en realidad es altamente adictivo y potencialmente adictivo. Ni siquiera la ciencia ha llegado a discernir los riesgos que puede conllevar para la salud.

En nuestro país, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) prohibió en 2011 la comercialización y el uso de los cigarrillos electrónicos al no encontrar evidencia de su eficacia. Y también la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó su utilización.

En San Andrés de Giles el cigarrillo electrónico se volvió cada vez más frecuente. No son pocos los casos en los que uno se cruza con gente que tiene un dispositivo de estos que liberan nicotina a través del calentamiento de un líquido, mezcla de propilenglicol y glicerina vegetal.

InfoCiudad se contactó con el doctor Pablo Gussoni para conocer su opinión respecto al cigarrillo electrónico y las implicancias en la salud de quienes lo utilizan. Antes que nada asegura que “no recomendaría su uso, primero porque está prohibido y segundo porque tendría efectos adversos para la salud, aunque menos dañinos que los del cigarrillo común”. Gussoni aclara que la nicotina que tienen los e-cigar es muy perjudicial para la salud, ya que aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, disminuye el apetito, aumenta el riesgo de cáncer, y el principal daño es la abstinencia. Además, el doctor sostiene que “aún no está demostrado que el cigarrillo electrónico produzca efectos adversos en los fumadores pasivos”.

Los precios de los cigarrillos convencionales han aumentado considerablemente en los últimos meses. Un atado de 20 cigarrillos, en promedio, cuesta $45 en Giles. En cambio, si uno quisiera comprarse un vapeador va a tener que realizar un desembolso inicial mucho mayor, ya que tiene un precio que va desde $600 hasta $1200. Pero cada recarga, que puede ser de diferentes sabores como chocolate, menta, frutilla o café, equivale a 20 atados de cigarrillos y cuesta aproximadamente $200.

En nuestra ciudad, y a pesar de estar prohibido, tanto el cigarrillo electrónico como la esencia que se le agrega se consiguen muy fácilmente. Hay comercios que lo ofrecen al público y están a la vista de todos.

Gabriel Sagorsky hace aproximadamente un mes que tiene uno, aunque no lo denomina cigarrillo electrónico, sino que para el es “un ansiolítico” que utiliza para calmar la ansiedad. “No lo compré por un tema económico, sino que tomé conciencia del daño que causa el cigarrillo a uno y a las personas que lo rodean”, reflexiona. Con respecto a la prohibición de su uso, no está de acuerdo ya que “habiendo tantas cosas que hacen mal, no entiendo cómo directamente no prohíben el cigarrillo de tabaco o el alcohol, que también es malo”. Gabriel, aunque hace poco que vapea, asegura que “me ayuda mucho para no prender un cigarrillo convencional, todavía no he prendido alguno, aunque también es un poco de voluntad propia que hay que poner”. Una de las cosas que lo sorprendió es que “gracias al cigarrillo electrónico recuperé el gusto y el olfato”. Para finalizar, el uruguayo radicado hace un tiempo en Giles sostiene que “la gente que fuma debería tener un poco más de conciencia y saber el daño que se provoca”.

Aún no está clara la situación del cigarrillo electrónico. Para muchos es una buena alternativa para dejar de fumar tabaco. Para otros tantos, es un método que puede generar otros tipos de adicción y problemas de salud. Mientras tanto, en nuestra ciudad se vende libremente, sin ningún reparo, cuando hace ya 5 años que está prohibido. Será cuestión de que se esclarezca la situación y quede establecido si se autoriza o no su uso para evitar cualquier tipo de confusión, tanto con los comerciantes como con los consumidores.

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